REPÚBLICA BOLIVARIANA
DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD
BICENTENARIA DE ARAGUA
VICERRECTORADO
ACADÉMICO
DECANATO DE
INVESTIGACIÓN, EXTENSIÓN Y POSTGRADO
DOCTORADO EN CIENCIAS
DE LA EDUCACIÓN
LA PAZ ESCOLAR
PRODUCTO DE MÚLTIPLES CIENCIAS
(Artículo Arbitrado)
AUTOR: Esp. Francisco Pérez.
ASESOR:
Dr. Benny Márquez.
San Joaquín de
Turmero, marzo 2018
Del Autor:
Apellidos y Nombres: Pérez Clermont
Francisco Ygnacio.
Formación Académica:
Egresado
de la Universidad Nacional Experimental Simón Rodríguez Núcleo – Maracay en
2008 como Licenciado en Educación Integral – Área de Concentración: Ciencias
Sociales. Diplomado en: Educación Superior (UNESR-2009), Pedagogía Militar
(UMBV-2016), Praxis Educativa e Investigativa (UBA-2017). Especialista en
Pedagogía Militar (UMBV-2017). Magister en Educación Mención Gerencia (UBA - pendiente
título). Actualmente doctorante en Ciencias de la Educación (UBA) y maestrante
en Pedagogía Militar (UMBV).
Experiencia laboral:
Docente
de aula (como especialista de música) en educación primaria y media general, en
educación especial, educación de adultos y educación superior. Coordinador de
departamento en media general. Enlace interinstitucional en educación primaria y
media general. Supervisor municipal (dos oportunidades) por la Zona Educativa
Aragua. Docente en la Universidad de Carabobo Campus La Morita, unidad curricular:
Arte y Cultura. Docente en el IUTI, unidad curricular: Proyecto Comunitario. Asesor
docente de la Comandancia General de la Aviación Militar Bolivariana. Docente
Instructor (plaza) de la Academia Militar de la Aviación Bolivariana de
Venezuela en las unidades curriculares: Ética y Moral Socialista, Ética y
Liderazgo, Seminario de Investigación I y Seminario de Investigación II.
Docente del Diplomado en Pedagogía Militar (UMBV), unidades curriculares:
Corrientes Pedagógicas, Pensamiento Bolivariano, Didáctica, Militaridad.
Docente en la Especialización en Pedagogía Militar (UMBV), unidad curricular:
FANB: Origen y Prospectiva.
Correo Electrónico:
franciscoperezclermont@gmail.com
RESUMEN
Cualquier
proyecto se base siempre en unos supuestos, en unos principios sobre los que se
puede apoyar su argumentación y metodología. El principal supuesto del trabajo
educativo a favor de la cultura de la paz es: aprender a resolver los
conflictos, optar por la cultura de la paz, respetar los derechos de las personas
y afrontar el reto de dialogar y cooperar. No siempre es posible evitar el
conflicto y la confrontación, por tanto, es preciso contar con la posibilidad
de que se desencadenen y aprender a resolverlos. En una sociedad compleja
existen grupos de personas cohesionados por intereses comunes y agrupados de
manera muy diversa: por naciones, raza, lengua, religión, intereses económicos,
ideología, entre otros; en donde los intereses de un grupo entran
frecuentemente en contradicciones con los de otros grupos.
Palabras clave: educación, paz,
conflicto, resolución, ciencia.
SUMMARY
Any project is always
based on assumptions, on principles on which its argumentation and methodology
can be supported. The main assumption of educational work in favor of the
culture of peace is: learning to resolve conflicts, opting for a culture of peace,
respecting the rights of people and facing the challenge of dialogue and
cooperation. It is not always possible to avoid conflict and confrontation,
therefore, it is necessary to have the possibility of triggering and learning
to solve them. In a complex society there are groups of people united by common
interests and grouped in a very diverse way: by nations, race, language,
religion, economic interests, ideology, among others; where the interests of a
group frequently contradict those of other groups.
Keywords: education, peace, conflict,
solution, science.
INTRODUCCIÓN
La Educación para la Paz es
el resultado de enfrentamientos armados a nivel mundial y se enfatiza, en sus
inicios, como propuesta para la resolución pacífica de los conflictos. Si bien
es cierto que existe gente de paz, por antonomasia, también es cierto que hay
personas que pretenden que prevalezcan sus intereses particulares movidos por
el poder que ejercen en cualquiera de los ámbitos económico, político, social
o, peor aún, todos estos ámbitos centralizados en una sola persona o grupo
minoritario.
Los derechos fundamentales,
los derechos humanos, la dialéctica la misma filosofía de la naturaleza, la
teología, el estudio de las leyes, la pedagogía y la andragogía, la política,
la psicología y sociología; son algunas de las disciplinas, ramas o ciencias en
sí a las cuales se les podría adjudicar el prefijo “pre” como hilos conductores
que llevaron al acuerdo de propuesta inductiva para el desarrollo de la
Educación para la Paz.
Cualquier proyecto se base
siempre en unos supuestos, en unos principios sobre los que se puede apoyar su
argumentación y metodología. El principal supuesto del trabajo educativo a
favor de la cultura de la paz es: aprender a resolver los conflictos, optar por
la cultura de la paz, respetar los derechos de las personas y afrontar el reto
de dialogar y cooperar.
Martínez Guzmán (2001)
aplica esta idea en sus investigaciones al decir que la educación para la paz
en el aula comienza con la creación de una comunidad de comunicación, en la que
todos los seres humanos son igualmente reconocidos como interlocutores válidos
capaces para reconstruir sus comportamientos y transformar sus conflictos a
través de sus competencias y experiencias cotidianas.
No siempre es posible evitar
el conflicto y la confrontación, por tanto, es preciso contar con la
posibilidad de que se desencadenen y aprender a resolverlos. En una sociedad
compleja existen grupos de personas cohesionados por intereses comunes y
agrupados de manera muy diversa: por naciones, raza, lengua, religión,
intereses económicos, ideología, entre otros; en donde los intereses de un
grupo entran frecuentemente en contradicciones con los de otros grupos.
Cuando no es posible
satisfacer, a la vez, los intereses de diferentes grupos se plantea un
conflicto, bien sea, internacional, por una cuestión territorial; un conflicto
racial en el interior de un mismo Estado; un conflicto de identidad nacional en
el caso de los pueblos englobados dentro de un mismo Estado; de un conflicto
social por la falta de trabajo o por las malas condiciones salariales. La
tradición histórica muestra que todos estos conflictos se han resulto empleando
la fuerza, ya sea combatiendo, para vencer y dominar, ya sea exhibiéndola como
elemento disuasorio. De este modo, el más fuerte impone su voluntad y la fuerza
es aceptada como un argumento incontestable.
Si la humanidad se resigna a
ese arbitrio supremo de la fuerza en las relaciones conflictivas entre grupos
humanos está aceptando la barbarie como modelo de organización social, pero no
aceptarlo plantea también problemas.
Probablemente no exista una
solución mágica e instantánea, pero hay algunas vías de salida; para
encontrarlas, se tiene que profundizar en muchos aspectos como podrían ser:
controlar la agresividad, prever los conflictos, promover el desarrollo de la
justicia internacional, escoger el diálogo, la negociación o la mediación.
Psicología,
Política y Medios de Comunicación.
La agresividad forma parte
de la naturaleza humana y es preciso contar con ese elemento, conocerlo y
controlarlo, si se quiere progresar; somos agresivos igual que somos
ambiciosos. Hay aspectos positivos de la ambición pero su descontrol puede
llevar a una catástrofe personal y social. Cuando se produce un fuerte
conflicto entre grupos humanos aparecen los líderes que pueden manipular la
agresividad de las personas de manera muy eficaz, por ejemplo, transmitiendo la
imagen del enemigo que les convenga, convirtiendo simples adversarios en
enemigos potentes, crueles y despiadados. Una persona que nunca mataría a otra
puede estar dispuesta a acabar con la vida de alguien abominable que ya no merece
ni el calificativo de humano; eso se consigue caricaturizando la verdad, o
simplemente mintiendo o calumniando; si un individuo del otro grupo comete una
barbaridad, basta con atribuírsela a todo el grupo; si un individuo del otro
grupo tiene un detalle humanitario, basta con silenciarlo. Se exagera, se
generaliza, se miente con objeto de que el grupo propio tenga muy claro que
esta vez, siempre se habla de cada vez como de la última vez, no cabe duda: el
propio grupo detenta la razón, mientras que los otros son seres repugnantes que
han perdido su condición humana. Será muy importante pues que la educación para
la paz esté atenta a las manipulaciones de la agresividad y a combatir lo que
podría denominarse el diseño del enemigo; de la misma manera que se puede
sucumbir fácilmente por ambición, también se puede sucumbir por agresividad.
Sociología,
Teología y Filosofía.
Las creencias religiosas y
las filosofías de vida forman parte del actuar de la humanidad pero que dentro
del carácter subjetivo individual siguen siendo también manipulables. Bien es
cierto que hay conflictos entre grupos sociales por ideologías religiosas, son
una minoría, pero los hay. En el caso del aspecto filosófico juega un papel muy
importante, en lo individual, la valoración de los principios con los cuales se
viva.
La inteligencia debe ayudar
a evitar los conflictos especialmente cuando se busca desarrollar conflictos
violentos nada improvisados. No se trata de catástrofes imprevisibles, sino de
la culminación violenta de confrontaciones que pueden llevar mucho tiempo
anunciando el desastre. Si resulta que a una zona en conflicto llegan armas,
los líderes se radicalizan, aparecen síntomas de violencia, la opinión pública
está amordazada o manipulada y los medios de comunicación mienten al servicio
de algún poder, entonces, la más probable es que estalle un conflicto violento.
Así pues las sociedades deben dotarse de mecanismos de observación social y
política que permitan prever conflictos para actuar a tiempo sobre sus causas.
La educación para la paz que deseamos debe
impulsar el reconocimiento de todos los seres humanos como un paso más allá de la
tolerancia, el reconocimiento de cada individuo como interlocutor igualmente
válido que uno mismo, independientemente de su raza, cultura, clase social o
religión (Martínez, 2001).
El
Derecho y la Justicia Internacional.
En una sociedad civilizada
los ciudadanos no resuelven los litigios a balazos, sino que aceptan la
mediación y las decisiones de los tribunales de justicia. De manera parecida
hay que desarrollar una justicia internacional cuyas sentencias sean de
obligado cumplimiento para las partes implicadas; actualmente la soberanía de
las naciones está por encima de las sentencias internacionales, tal vez se
debería impulsar la creación de un único ejército internacional, bajo el mando
de un organismo supranacional, que velara por el cumplimiento de la paz y se
opusiera al siempre ilegítimo uso de la fuerza por parte de cualquier Estado o
grupo y lo castigara. Ese ejército podría tener la actuación propia de una
policía internacional y debería ir reduciendo progresivamente sus efectivos
La
Dialéctica, la Negociación y la Mediación.
Si finalmente se produce un
conflicto, éste debe ser resuelto por la vía del diálogo, la negociación o la
mediación. La violencia debe ser desterrada de la conducta humana, aquí es
donde la educación por la paz puede tener una notabilísima influencia, un
conflicto no tiene por qué acabar forzosamente con la derrota de unos y la
victoria de otros, porque ése suele ser el resultado de un combate. La vida
social está cargada de matices, es compleja, y esos matices pueden ser tenidos
en cuenta a base de diálogo, mediación y negociación, habilidades que pueden
aprenderse. La escuela puede llegar ser una gran influencia decisiva en el
desarrollo de la cultura de la paz.
Aquí entra en juego el papel
del aprendizaje en usar unas formas u otras: “tenemos que detallar, aprender y practicar
unos métodos no de eliminar el conflicto sino de regularlo y encauzarlo hacia
resultados productivos” (Lederach, 1985).
La
Pedagogía y la Andragogía.
Posiblemente éste es el
aspecto fundamental que profesores y maestros deben tener en cuenta. En los
recintos educativos se producen conflictos entre alumnos, entre docentes, entre
alumnos y docentes, entre docentes y padres, con las autoridades educativas,
etc. Los estudiantes reciben lecciones importantísimas de estas experiencias,
de cómo se resuelven estos conflictos, de si se tratan por la vía del diálogo
respetuoso que busca la solución a través de la palabra dialogante y tiene como
meta el respecto de los legítimos intereses de los litigantes o mediante la
coacción, la amenaza y, finalmente, por el dominio de la fuerza. Por ejemplo,
cuando se plantea un conflicto entre alumnos, el maestro tiene una gran ocasión
para para ejercer como pedagogo de la cultura de la paz, intentando que los
estudiantes enfrentados hablen, dialoguen, escuchen las razones del otro para
rebatirlas, pero también para dejarse interpelar. El docente debe intentar que
cada una de las partes comprenda que las razones del otro no son totalmente
desdeñables, que la cuestión tiene muchos matices, es compleja, que
probablemente no admite una solución única, o blanco o negro si se desea la
justicia, que posiblemente la solución correcta guarde un cierto equilibrio
entre ambas razones. En esto consiste la pedagogía de la paz: partir de la
realidad de un conflicto. Si el maestro deja que el conflicto evoluciones hacia
la confrontación, la violencia física y
el dominio de la fuerza bruta, los alumnos sacarán una lección muy clara: los
conflictos se dirimen por la fuerza.
Aprender a resolver
conflictos desde la escuela aprovechando los pequeños enfrentamientos entre los
alumnos, es un aprendizaje novedoso que los expertos en educación señalan como
una de las capacidades que los niños y jóvenes deben aprender en el ámbito
escolar.
Lederach matiza que la
educación para la paz debe ayudar a los estudiantes a encontrar alternativas
pacíficas para la transformación de los conflictos, facilitar las herramientas
para que las nuevas generaciones encuentren sus propias posibilidades de
actuar, y analizar cuáles son las formas más adecuadas de intervenir en los conflictos
que les rodean. “La violencia no es la única, ni la más eficaz, de las maneras
de afrontar los conflictos, a pesar de que se presente como tal en nuestra
sociedad e historia” (Lederach, 1984).
CONCLUSIÓN
La paz se concibe en la actualidad
como realidad posible y positiva que no consiste simplemente en la ausencia de
guerra y de violencia, sino como una conciencia social y una forma de vida que
se caracteriza por el rechazo a la violencia como manera de resolver los
conflictos y por el establecimiento de una dinámica de búsqueda de la justicia
a través del diálogo y de la cooperación. Si bien es cierto que esta visión
constituye una utopía, es decir, un fin ideal, también hay que decir que no
puede confundirse con una quimera, con u fin ilusorio e irrealizable; la utopía
es un fin que se trata de alcanzar, un ideal que orienta la actuación.
En el mundo de hoy, la
educación para la paz se sustenta en el
concepto de evolución social, que en este tema en concreto se presenta como futuro
de la evolución de la conciencia colectiva y de su más clara manifestación: la
opinión pública; ahí es donde entra en juego la educación.
Otro concepto estrechamente
relacionado con la educación para la paz es el de la aceptación de la
complejidad de la vida social, un elemento irrenunciable a la realidad.
Solamente se puede comprender el mundo analizando y entendiendo su complejidad.
La complejidad creciente es una característica del devenir de la humanidad y
esta halla a su vez en la complejidad nuevas soluciones para problemas nuevos.
No es posible, ni deseable, tratar de dar la espalda ni reducir el grado de
diversidad del entramado social, pues ese intento, la historia lo ha demostrado
en demasiadas ocasiones como para ignorarlo, conduce a soluciones políticas y
socialmente autoritarias o dictatoriales.
Una vez establecidas las
bases teóricas de la educación para la paz, hay que entrar de lleno en qué
consiste ésta. Se concibe como la educación de las actitudes que han de hacer
posible la implantación de una cultura de paz: el diálogo, la cooperación, el
respeto hacia uno mismo y hacia los demás, la adhesión a los derechos humanos
como derechos inherentes a la persona, la comprensión de la complejidad, el
rechazo a la violencia, la valoración de las aportaciones personales a la
construcción del futuro.
REFERENCIAS
Lederach,
John Paul (1984), Educar para la paz. Objetivo escolar, Barcelona: Fontamara.
Lederach,
John Paul (1985), La regulación del conflicto social. Un enfoque práctico,
Barcelona.
Martínez
Guzmán, Vicent (2001), Filosofía para hacer las paces, Barcelona: Icaria.
OCEANO,
Grupo Editorial (2000), Manual de la Educación, Editorial: Autor,
Barcelona-España.